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El euro mantuvo su posición por encima del umbral de 1.165 hasta finales de agosto, conservando gran parte de su movimiento alcista del año, mientras se evaluaban las perspectivas de tasas globales y se consideraba la posible respuesta del Banco Central Europeo (BCE) a las preocupaciones continuas sobre el crecimiento lento. Los datos recientes de precios revelaron que la inflación armonizada de la UE cayó ligeramente por debajo de las expectativas en Francia e Italia, mientras que cumplió con las predicciones en España. Los futuros de tasas continuaron mostrando una visión predominante del mercado que anticipaba que no habría más recortes de tasas por parte del BCE este año. Sin embargo, las preocupaciones persistentes sobre un crecimiento tímido y los desafíos de los aranceles de EE. UU. llevaron a algunos participantes del mercado a especular sobre la posibilidad de una reducción de tasas en el cuarto trimestre. El euro se apreció un 11% frente al dólar este año, impulsado por la señalización de los países de la UE de sus planes para aumentar el gasto en industria, infraestructura y defensa. Al mismo tiempo, las incertidumbres en la política económica de EE. UU. y las presiones fiscales llevaron a un alejamiento del dólar.
