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A principios de octubre, la lira turca continuó su tendencia de debilitamiento gradual, alcanzando un mínimo histórico de 41.6 por USD. Esto ocurrió a pesar de una desaceleración en el fortalecimiento del dólar estadounidense. El banco central de Turquía intervino consistentemente en los mercados de divisas, con el objetivo de gestionar la demanda de divisas fuertes en Turquía. El mes pasado, el banco central redujo su tasa de interés de referencia en 250 puntos básicos hasta el 40.5%, continuando su ciclo de flexibilización que comenzó tras alcanzar un máximo del 50%, proyectado para extenderse hasta finales de 2024. Los responsables de las políticas decidieron mantener esta estrategia de flexibilización a pesar de la presión sobre las tasas de cambio, aprovechando la venta de reservas de divisas fuertes e implementando controles de capital para evitar que la lira caiga aún más. Se evitaron posibles desencadenantes de una mayor devaluación de la moneda cuando un tribunal turco retrasó su fallo sobre el liderazgo de la oposición principal, el Partido Republicano del Pueblo. Al mismo tiempo, la inflación marcó su primer aumento en un año en septiembre, subiendo al 33.3%, deteniendo así la tendencia de desinflación del país y llevando al Banco Central de Turquía (TCMB) a considerar tasas de interés más altas.
