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El dólar australiano cayó por debajo de 0,703 USD el viernes y se encaminaba a una pérdida semanal de alrededor del 1%, presionado por un dólar estadounidense más fuerte y unos datos de PMI doméstico más débiles de lo esperado. Las lecturas preliminares del PMI de febrero mostraron una desaceleración generalizada, lo que indica un crecimiento más lento mientras que las presiones inflacionarias siguen siendo elevadas. Los índices compuestos, de servicios y de manufactura descendieron respecto a los niveles de enero, pero se mantuvieron por encima del umbral de 50 puntos, lo que señala que la actividad aún se está expandiendo, aunque a un ritmo más moderado.
Al mismo tiempo, el dólar estadounidense avanzó respaldado por sólidos datos económicos de Estados Unidos y comentarios de tono agresivo por parte de la Reserva Federal. En Australia, están ganando fuerza las expectativas de un aumento anticipado de las tasas de interés. Los mercados ahora asignan una probabilidad del 76% a que el Reserve Bank of Australia eleve su tasa de efectivo para mayo, con la probabilidad de un movimiento ya en marzo aumentando hasta alrededor del 28%. Este reajuste en las expectativas refleja datos domésticos más sólidos y señales de mayor agresividad por parte de los funcionarios del RBA. Aun así, mayo sigue siendo el escenario central, a menos que las próximas cifras clave, entre ellas el IPC mensual de enero y el PIB del cuarto trimestre, arrojen sorpresas significativamente al alza.
