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El peso mexicano se debilitó hasta alrededor de 17.88 por dólar debido a un aumento en la aversión al riesgo, después de que el presidente Donald Trump sugiriera que el conflicto con Irán podría prolongarse, lo que impulsó con fuerza los precios del petróleo y ejerció presión sobre las monedas de mercados emergentes. La depreciación también siguió a un giro dovish por parte de Banco de México, que reanudó su ciclo de relajación con un recorte de 25 puntos básicos, llevando la tasa de referencia a 6.75% en una decisión dividida que subrayó la creciente preocupación por la desaceleración de la actividad económica. Los responsables de la política monetaria señalaron la posibilidad de una reducción adicional de la tasa, al tiempo que enfatizaron que vigilarían de cerca la dinámica de la inflación y los riesgos externos. Datos recientes mostraron que la inflación anual se aceleró a 4.63% a inicios de marzo, con una inflación subyacente de 4.46%, ambas por encima del objetivo de 3% del banco central. El peso también se vio presionado por las expectativas de un mayor diferencial de tasas de interés y la persistente incertidumbre sobre las perspectivas de crecimiento e inflación.