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Las expectativas de inflación de los consumidores en Australia subieron al 5,9% en abril de 2026 desde el 5,2% registrado en marzo, alcanzando su nivel más alto desde noviembre de 2022 y poniendo de relieve la creciente preocupación por unas presiones de precios persistentes. Este repunte se produjo después de que el Reserve Bank decidiera elevar la tasa de efectivo en 25 puntos básicos hasta el 3,85% en marzo, tras una medida similar en febrero, en un contexto en el que las fuerzas inflacionarias volvieron a surgir a partir de mediados de 2025. El aumento de los precios del petróleo, impulsado por una mayor tensión en Oriente Medio, ha sido un catalizador clave en el corto plazo, alimentando unas expectativas de inflación a corto plazo más elevadas.
El vicegobernador Andrew Hauser advirtió recientemente de que la economía se enfrenta a un entorno macroeconómico complejo, en el que una inflación persistentemente elevada y una capacidad de oferta limitada están amplificando el riesgo de estanflación si los shocks energéticos persisten. Señaló que la inflación sigue por encima del objetivo, con un IPC anual del 3,7% en febrero, todavía fuera del rango objetivo del 2–3% fijado por el banco central. Las previsiones actuales sugieren que es poco probable que la inflación vuelva al objetivo antes de mediados de 2027, lo que pone de manifiesto lo prolongado e incierto del camino de regreso a la estabilidad de precios.