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Los precios del combustible para calefacción en Estados Unidos han caído por debajo de 3,20 dólares por galón, su nivel más bajo desde principios de marzo y más de un 30% por debajo del máximo histórico de 4,608 dólares alcanzado el 20 de marzo. El descenso sigue de cerca la fuerte corrección de los precios del crudo, impulsada por el aumento del tráfico de petroleros a través del Estrecho de Ormuz, el alivio temporal de las sanciones a Irán y los avances en las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán. En un esfuerzo por contener los costos energéticos, la Casa Blanca ha suspendido la aplicación de la Jones Act y ha recurrido a la Reserva Estratégica de Petróleo. Aun así, las condiciones del mercado siguen siendo ajustadas: Estados Unidos continúa actuando como proveedor global de último recurso, lo que ha llevado las existencias internas de diésel a niveles estacionalmente inusualmente bajos. Los precios también se mantienen por encima del nivel de referencia anterior a la guerra, de 2,596 dólares por galón, y cualquier futura prohibición de exportaciones por parte de Rusia podría reactivar las presiones alcistas. Al mismo tiempo, el presidente Donald Trump ha ordenado al Departamento de Justicia investigar los precios de la gasolina, argumentando que no están bajando con la suficiente rapidez.